El otoño. Esa estación mágica y melancólica que cada año espero con ganas. Oír las crujientes hojas doradas que pisas al andar, poder respirar profundo y oler a tierra mojada, pasear sin más compañeros que mis pensamientos perdidos o poder mirar a las nubes grises de algodón que parecen saber lo que estoy pensando. Otoño, esa estación que extrañamente parece protegerme de todo lo demás y hace que me sienta bien.
Desde chica, y sin apenas darme cuenta, estos meses previos al invierno, me hacen retroceder y buscar dentro de mí. Recuerdos, imágenes, historias, anécdotas, canciones, momentos, personas.
Muchas cosas han pasado en estos últimos meses y ni una sóla vez escribí desde Enero para expresar lo que sentía. Un triste comienzo de año que se enlazaba teñido de pena con el final del año anterior. Desde entonces, es como si algo en mí hubiera estado dormido, perdido. Y ahora que siento el otoño cerca, es como si hubiera despertado de nuevo. De repente, sin más, me dan ganas de sentarme frente a un puñado de teclas que suenan como hace tiempo no sonaban. Ligeras, seguidas y seguras de lo que quieren transmitir.
Hoy más que nunca, me acuerdo de ti. Este año el otoño será más melancólico que nunca porque llevará tu nombre. Y traerá con él su lado más nostálgico. Y tú, vendrás de su mano. Y yo, os estaré esperando.
