Llueve.
La mayoría de la gente dice que la lluvia es fea, que le entristece, que no le deja disfrutar del día, que arruina sus planes y que tienen que quedarse en casa porque la lluvia no les permite hacer otra cosa. Yo, en cambio, disfruto los días de lluvia. Desde siempre me gustó.
La disfruto de todas las maneras, tanto si es saliendo a pasear, eso sí, bajo un paraguas gigante y con un buen calzado que te permita caminar, o como si es en casa sentada tras un cristal viendo las gotitas chocar contra el cristal, disfrutando también de una película o de un buen libro. O por qué no, escribiendo algo como esto.
Es cierto que los días de lluvia son en muchos sentidos un poco más latosos, no se seca la ropa que tiendes, tienes que repartir trapos y ropa por toda la casa, se ensucian los cristales que acabas de limpiar, si tienes que ir haciendo muchos mandados por la calle, entrar y salir constantemente de los lugares se hace más pesado, el pelo se te encrespa, no puedes conducir tu moto, circular con el coche se hace menos llevadero porque se forman más atascos, o cuando llegas a casa chorreando lo pones todo perdido. Pero a pesar de todo eso, me gusta. Llueve, se limpian las calles, se puede respirar un aire fresco y renovado. Se llenan los pantanos, se riegan las plantas, se lavan los coches... Y lo que más me gusta, se puede disfrutar de ese olor a tierra mojada, que es único e inimitable, un olor que está lleno de vida, también el olor a chimenea, a la leña, en los días húmedos el humo huele distinto, su olor es más especial. Es un olor que siempre me resultará familiar, que me recuerda a los días de pequeña en casa de mi abuela en el pueblo, con las auténticas chimeneas y braseros de ascuas. Las calles se llenan de charcos y sí los sabes mirar, podrás ver reflejados en ellos edificios, luces, colores y multitud de cosas que multiplican su belleza y su encanto, como si se tratara de un espejismo.
Siempre tuve la sensación, de que los días de lluvia se llevaban las cosas malas, que hacían una limpieza de todo y para todos, que las gotas podrían arrastrar con ellas la tristeza, las penas, las malas noticias, los malos momentos. Que llueve, que el agua limpia y lo arrastra todo, y que luego vuelve a salir el sol, en un nuevo día, donde empezar de nuevo. Por eso, aunque casi todos digan que la lluvia es triste, yo siempre diré que me gustan esas "gotitas de agua dulce"...

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