#CruzandoLosDedos

Perdida, buscando algo que no sé qué es. Cuando lo encuentre, lo sabré.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Hasta que no te toca

 Esta mañana, a través de una amiga en Facebook, vi un vídeo que me impactó mucho. Bastante.

 Se trata de un invidente que está sobre un cartón pidiendo limosna.

 Todos vemos a mendigos sean de la raza o del sexo que sea, pidiendo por las calles. En las puertas de las iglesias, de los supermercados. En cajeros de parking, en la parada del autobús o incluso por establecimientos y comercios. Casi siempre pasan desapercibidos, los vemos, pero no reparamos en ellos. Nosotros, vamos con prisa, llegamos tarde a trabajar o a ese lugar donde alguien nos espera. Vamos hablando por teléfono, escuchando música, riendo o discutiendo con nuestro acompañante, disfrutando de un paseo con nuestro hijo, paseando al perro, cargados de bolsas de cosas recién compradas o de ropa a estrenar. Vamos y venimos de hacer mandados y recados. Vamos al médico. Al banco... Pero ellos, ellos están parados, como en un eterno modo "pause" o "stand by". No tienen a nadie que les espere o ningún quehacer pendiente. No tienen perros que pasear ni bolsas que cargar. Sólo un sitio que espera por ellos cada día, cada noche. Un sitio donde se les pasa la vida. Viendo a la vez como pasa la de los demás.

 Hace años los mendigos que veíamos eran personas que no tenían nada ni nadie, que se veían solos por infinitos motivos y queriendo o sin querer, vivían en la calle, pendientes de su suerte, de los céntimos que algún alma caritativa dejará caer con un frío y seco eco sobre una lata de hojalata. Eso ya era muy triste. Siempre se ha dicho que hay mendigos y mendigos. Que algunos no tendrá más remedio que llevar la vida que llevan y que otros, por orgullo o por que hayan hecho cosas que sus hijos o familiares no puedan perdonar, se ven arruinados y sin un techo. Repito, esto ya es muy triste, pero más triste resulta que actualmente la gente que pida pueda ser como tú o como yo. Gente trabajadora y desesperada tras no encontrar trabajo por esta fuerte crisis, gente que tiene hijos a su cargo y que no pueden llegar a comprar más que una barra de pan o un cartón de leche. Y mucho más triste aún es que seamos tan egoístas de mirar a otro lado, de ignorar a estas personas cuando pasamos por su lado, de hacer que no vemos cuando en realidad si lo hacemos. No quiero pensar que sentiría yo, si sólo por un día, me sentaran en la puerta de mi iglesia, con una lata y que al final del día tuviera que contar el dinero para saber sólo así que podría comprar, con suerte. Siempre pensamos que son cosas "que no nos tocaran", pero lo cierto es que nadie está libre de nada, que el destino no está escrito y que no sabemos que puede pasar el día de mañana. Que no sabemos qué es algo, hasta que nos toca. Que vivimos con nuestros problemas y que pensamos que no existe nada más allá. Que somos egoístas por naturaleza. Que no nos preocupa nada más que lo nuestro. Sólo cuando nos toca, nos ablandamos y entonces decimos "¿cómo puede pasarme esto a mí?". Entonces si repararíamos en esa persona que vimos una y otra vez pidiendo, y nos arrepentiremos de no haber echado una moneda en su lata cada mañana. Porque el ser humano es así. Porque lo es.



 Adjunto el vídeo del que hablaba al principio...

http://www.youtube.com/watch?v=ZF8EcHkSRSY








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