Se acaba el día. Mediamos noviembre, mi mes favorito. Hoy me voy a la cama con la sensación de haber viajado sin haberme movido de casa...
Esta tarde, cuando fui a merendar, me preparé un tazón de leche con cereales. Me gusta siempre tener varias cajas de diferentes tipos, así no me aburro de tomar siempre los mismos. No soy delicada, cualquier tipo me gusta. El otro día compré los famosos Smacks de Kellog´s, los de la ranita verde con la gorra, pero de la marca Carrefour. Siempre que veía esos cereales, se me venía un recuerdo a la cabeza. Ese recuerdo no era otro que verme a mí misma, hace unos 17 años, sentada en el balcón de un apartamento de El Bajondillo, en Torremolinos. Desayunando, frente al mar, descalza, con un bañador y una camiseta de Mickye Mousse que mi abuela me había regalado. Con la piel más que tostada de pasarme horas y horas jugando en la orilla y con la melena que se llevaba por entonces, con unos tonos dorados que el sol me había ido regalando. Si cierro los ojos, puedo verme. Madrugaba para así tener más rato para jugar. Y recuerdo perfectamente como cada día de mis vacaciones, me sentaba en ese balcón y tomaba los mismos cereales. También recuerdo perfectamente la caja roja y la bolsa plateada donde venían los cereales. El olor. El sabor. Como dejaba que se ablandaran en la leche. Lo mucho que me gustaban.
A pesar de haberlos visto tantas y tantas veces en cualquier establecimiento, nunca más lo había comprado. Hasta hace unos días. Al tomarlos esta tarde, fue como regresar a aquellos días. Recordar la nostalgia y verme correteando por cada rincón de aquellas playas. Esos años en los que no nos importaba nada más que no caerte y romperte el pantalón y no hacerte una herida porque encima sabías que recibirías un azote... Me ha salido muy barato viajar en esta ocasión.
Me despido por hoy, volviendo a cerrar los ojos y pensando en que mañana, volveré a verme sentada en aquel balcón siendo niña por un día...

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